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Estamos hablando de los años 1988 – 1990. Stanley era una estrella nacional a nivel de High School, sólo superado Alonzo Mourning y Billy Owens. Realmente, Stanley sólo jugó un año en LSU, sus malas notas le dejaron en el banquillo la primera temporada sin poder jugar ni un sólo encuentro. Sin embargo, la espera mereció la pena, pues ese año LSU dio un nuevo golpe reclutando al jugador más deseado sobre la tierra, un coloso de 2,15, proveniente de la High School de San Antonio (Shaq).
Nadie en el cuerpo técnico de los Tigers olvidará el primer enfrentamiento entre ambos atletas en un entrenamiento, al fin y al cabo son pocas las veces que una Universidad consigue reunir a dos gigantes, dos probables Hall of Famers, en su plantilla y en años consecutivos.
Todo comenzó con un mate de Shaquille, llevando a Stanley bajo aro, a lo que respondió éste exactamente con la misma jugada, y así hasta cinco mates más. Físicamente se trataba de dos colosos, que podían jugar de igual a igual. Las canastas resonaban como truenos y finalmente Stanley, en su cuarto turno, decidió dar por terminada la contienda, planteando un escenario distinto. Se alejó a cuatro metros del aro, amagó una penetración y encestó una suave y limpia suspensión sobre un atónito O`Neal, que intentó copiar la fórmula, pero ni su mano ni su juego de pies eran comparables a los de Roberts.
Cuestión zanjada, sí, porque así era de bueno Roberts en aquella época. Todos coincidían en señalar que Stanley era un mejor que Shaquille, que no pierde ocasión de afirmar que es lo que es gracias a la competencia de Roberts, pues aquellos entrenos y el reto de enfrentarse a la superioridad técnica manifiesta de un rival a su mismo nivel físico, le llevaron a dar el máximo, a exprimir su don natural hasta la última gota. Incluso años después, cuando se le pregunta sobre el tema, The Diesel continúa reconociendo a Roberts como el único jugador con el que ha coincido en un parquet NBA, capaz de enfrentarse a él en el cuerpo a cuerpo.
Roberts solamente disputó un año en LSU, año que fue bastante duro, pues LSU era favorita para ganarlo todo, incluso Blue Ribbon sacaba en portada al trío maravilla, los dos pívots y un Chris Jackson que había levantado, en su año `freshman´, unas expectativas enormes, con legítimas comparaciones con Pete `Pistol´ Maravich, un tótem en el estado de Louisiana.
El año fue bueno a nivel de equipo e individual, donde promedió 14 puntos y 9 rebotes por partido, aunque Dale Brown siempre achacó al pívot su falta de intensidad defensiva y a veces lo sentaba en el banquillo, para poder poner, a toda cilindrada, su famosa defensa individual.
Sin embargo, en el Torneo Final, los Yellow Jackets de Anderson, Scott y Oliver, la famosa LETHAL WAEPON III, acabaron en segunda ronda con los sueños de los Tigers, que habrían de esperar a la temporada siguiente si querían levantar el trofeo.
Pero ni el rendimiento académico ni la situación familiar de Roberts entendían de retos deportivos, y en el mes de agosto, tras saber que no había obtenido la nota mínima para su elegibilidad, y con el `draft´ ya celebrado, buscó la fórmula para evitar quedarse todo un año parado.
En la temporada 1990-1991, Wayne Brabender era el nuevo entrenador del Real Madrid, tras intentar fichar a joyas como Dino Radja y Gregg “Cadillac” Anderson, asumió los fichajes de Carl Herrera y Roberts, una pareja extraña, demasiado jóvenes, sin experiencia en baloncesto profesional (ni NBA ni europa), recién salidos de la NCAA pero con mucho talento, y a inicios de septiembre, en operación relámpago para enervar la competencia italiana, el center sureño llegaba a Madrid.
Ese año en España, este chico de apenas 20 años demostró su potencial, también sus carencias, pero pocos de los que lo vimos en directo podemos negar que llevaba la palabra “estrella” escrita en la frente. Era un hombre físicamente casi hecho y técnicamente muy desarrollado, un atleta natural, que botaba bien, salía por ambos lados y tenía un toque dulce y fino a cuatro metros. La toma de decisiones en cancha y la propensión a las faltas eran aspectos por mejorar, algo lógico a tan tierna edad. Físicamente, Roberts llegó con más de 130 kilos, que redujo a los 115, pero este adelgazamiento no siguió una vía correcta, ya que el equipo, con Brabender, no tenía preparador físico y la pérdida de peso no vino acompañada de una adecuada musculación, por lo que el jugador perdía fuerza, lo que unido a sus malos hábitos alimenticios, perjudicó su rendimiento.
Fue un año de duro aprendizaje para nuestro hombre, hablamos de una ACB que empezaba a perfilarse como mejor liga mundial tras la NBA, de un baloncesto europeo lleno de gente experta, taimada, y de un Madrid que seguía en la élite continental, justo lo que necesitaba Roberts en términos de adquisición de experiencia. Curioso que viejos zorros como Norris (28 puntos), Magee (40 puntos), y hasta Lagarto de la Cruz, éste en el play-off de cuartos, hicieran grandes partidos ante este proyecto de estrella, algo perdido y huérfano del consejo de un veterano.
La mala suerte parecía perseguir al sureño, y Brabender, una especie de padre deportivo para el chaval, es destituido a mitad de temporada tras el fracaso en la Copa del Rey de Zaragoza, donde el Madrid cayó frente al Barça en el último segundo con canasta de Steve Trumbo, y el Madrid va camino de terminar un año sin títulos y siniestramente jalonado con varios acontecimientos luctuosos (infarto letal de Ignacio Pinedo en la cancha incluido). Roosevelt Bouie, otro veterano de vuelta de todo, le da otra lección de experiencia y movimientos al pívot en la final de la Korac, que viaja a Cantú, tras una prórroga en el Pianella, donde un alero blanco llamado Pace Mannion nos fusiló.
De manera extraña, las críticas empiezan a cebarse en Roberts, que, conforme a su perfil introvertido, y ya sin el abrigo de Brabender, se aleja más si cabe del resto de la plantilla, y empieza a faltar a entrenamientos. Sabonis, por aquél entonces en Valladolid, da otra lección de fundamentos y entender el juego a Stanley en el madrileño palacio de deportes.
La eliminación en cuartos de final de la ACB, frente al Taugrés, abre la caja de Pandora o, en este caso, de Mendoza, y el presidente blanco impone al pívot sureño una multa récord de 15 millones de pesetas, rescindiendo su contrato. Un gesto teatral con el que desviar la atención. Roberts sale de Madrid en medio de sanciones y disputas, que borran el buen recuerdo que para muchos aficionados dejó, y unas cifras de 13 puntos, 7 rebotes y 2 tapones por partido, nada desdeñables para un proyecto de jugador de 20 años como era en aquel momento. De hecho, nada más salir del Madrid se rumoreó insistentemente que Aíto García Reneses, a la sazón ‘general manager’ del Barça, estaba muy interesado en ficharle tras la increíble desprotección con que el club blanco le había premiado, dejándolo a disposición de su más directo rival.
Stanley rechaza todas las ofertas que le llegan de europa (Barça, Cantú, etc.), pero Stanley sólo quería volver a EEUU y triunfar en la NBA. La imagen de Roberts en los USA no había mejorado tras un año en Europa y en el draft de 1990 acabó en las profundidades de primera ronda, en Orlando, curiosamente el mismo equipo al que iría más tarde su buddy universitario. Para entonces, en la vida de Stanley habían aparecido unos personajes que lo acompañaban donde iba, gente experta en darle coba, meterle en problemas y sacarle dinero. A su adicción a la marihuana de sus años universitarios, que paseó con descaro por la capital madrileña, se une ahora la dependencia de la coca, éxtasis, anfetaminas; en fin, todo lo que se ponga a tiro. El chaval era fácil presa de las rapaces y se calcula que hasta 35 millones de dólares se evaporaron de sus manos durante sus 9 años de carrera en la NBA. Coches de lujo y mujeres de ocasión se suceden en su vida, mientras negocios ruinosos, estafas, y extrañas sociedades horadan su pecunio. Roberts no sabe decir que no y acaba pagándolo. En una entrevista Stanley habla de sus gastos estúpidos en coches de lujo: “En un impulso me compré un coche de la marca Bentley. Quería ser original ya que la gente se copia una a otra. Recuerdo que llamé por teléfono al vendedor comentándole que buscaba un coche original, que me avisará si había algo en el mercado. El coche estaba en la puerta de mi casa en 2 horas desde que colgué el teléfono.Me costó 375.000$, y lo más gracioso es que creo que todabía lo estoy pagando. En esos años me compré 22 coches de lujo.”
Deportivamente, el descuido físico conlleva una indebida ganancia de kilos que se traducirá en lesiones graves, como la rotura del tendón de Aquiles en su pie derecho en diciembre de 1993, seguida de la del pie izquierdo ocho meses más tarde. Llega 1995 y, cuando parece que recupera la forma en los Clippers, sufre doble rotura de disco. El gasto se hace insoportable y las dependencias se cobran su precio: Roberts, ya en los Sixers, es sancionado en 1999 a dos años por consumo de sustancias prohibidas.
Noticia: En noviembre de 1999 La NBA expulsa a Stanley Roberts por consumo de «éxtasis». El pívot ha perdido los 120 millones de pesetas del contrato que había firmado con Filadelfia el pasado mes y se ha convertido en el primer jugador desde 1995 en ser expulsado de la competición.
“No sé cómo la droga ha aparecido en mi organismo porque no recuerdo haberla tomado”, afirmó Roberts, que se queja de que nadie le ha ofrecido una segunda oportunidad. “Llevo ocho años intachables en la NBA y a las primeras de cambio me expulsan”, apuntó.
Roberts sabía a lo que se exponía cuando tomó la droga porque el actual acuerdo laboral entre la Liga y sus jugadores es muy claro para aquellos que dan positivo en los análisis antidopaje. La NBA castiga con la expulsión inmediata a todos los jugadores que consumen estupefacientes, especialmente cuando las drogas son la cocaína, la heroína y las nuevas sustancias de diseño derivadas de las anfetaminas. Sin embargo, la NBA persigue con menos dureza la marihuana, de consumo muy común entre muchos jugadores profesionales. El jugador podrá solicitar la vuelta a la NBA en dos años y ya ha manifestado su intención de regresar a Europa para continuar jugando al baloncesto.
Su intención de jugar en Europa como hicieron otros grandes jugadores NBA que habían tenido problemas con la droga (Roy Tarpley, “Sugar” Ray Richardson, etc.) desapareció cuando la FIBA extendión la suspensión de la NBA también en Europa, medida que fue recurrida por el pívot estadounidense sin éxito.
Comienza una espiral decadente, y deviene en inquilino permanente de las páginas de sucesos, a medida que empieza a meterse en negocios peligrosos. Y así, sufre dos detenciones, una en julio de 2000 por amenazar a la madre de uno de sus cuatro hijos, y otra, cuatro meses después, en Houston, por posesión de cocaína. Poco después empiezan a llegar las primeras demandas por impago de alimentos de dos de las cuatro madres, que se conozcan, de hijos suyos. La ruta hacia la felicidad parece definitivamente vedada.
En la web www.basketconficencial.com aparece este final en uno de los artículos dedicado a Stanley: “Hoy en día, el que fuera considerado por muchos técnicos uno de los más prometedores hombres altos de la NBA, se gana la vida de guardaespaldas de oscuros personajes de la noche tejana, y de vez en cuando se deja caer por alguna cancha, donde le es difícil pasar inadvertido. Entonces se acuerda de sus años más felices, cuando sus sueños eran dulces y promisorios, y se conjura, ante sí mismo, para regresar a las canchas, convenciéndose que se va a poner en forma, que va a ganar la pasta necesaria para acabar la casa que ofreció a su madre, delirios de justicia de un natural born loser. Hasta que el espejo de la vida le devuelve a la cruda realidad.Hay una casa en South Carolina, a las afueras de Columbia, a un lado de la interestatal, pasando la High School de Lower Richland. Es la metáfora de una carrera deportiva desbaratada, el síntoma inequívoco de la debilidad, el exceso y la imprudencia.”
Otro sueño roto, si Stanley hubiera estado bien aconsejado hubiera hecho carrera en la Nba, puede que nunca hubiera llegado a dominar con Shaquille, pero un jugador de su tamaño, movilidad y capacidad de intimidación tiene garantizado grandes contratos en la liga profesional. Peores jugadores que él hicieron carrera (Perdue, Kleine, Stacy King, Pervis Ellison, la lista es infinita…).
En la actualidad: para tranquilizar a los fans que se imaginan a Stanley en la puerta de una discoteca o acompañando a empresarios o millonarios de dudosa reputación en limusinas, con mujeres, champagne y collares de oro. Todo por unos pocos dólares que llevar a un apartahotel en las afueras de las Vegas donde descansar sus 150 kilos sólo decirles que se obró el milagro.

Su última temporada en la NBA fue en 1998-1999. Sin equipos por la sanción de consumo de drogas John Lucas le recuperó como persona. Hubo rumores que jugó en ligas menores de Sudamérica y Asia en un intento de volver a la NBA (no he encontrado documentación), quizá sabiendo que era su última oportunidad. Nunca volvió.
Entrevista
¿A qué te dedicas actualmente? Stanley Roberts: Trabajo en el negocio de los coches en Houston. Ayudo a la gente a encontrar coche, les aconsejo en temas de financiación y aspectos de papeleo. Comencé en Enero de 2006 y en Mayo abriré mi propia oficina. Trabajé como vendedor para Cadillac en Houston. Vendía todos los coches que podía, ahora es el momento de abrir mis alas y volar solo. Respecto al baloncesto me gustaría intentarlo como entrenador. Soy bueno con los niños, sólido comunicador y amigable. Entiendo como deben ser las relaciones entre jugadores y entrenador y me gustaría compartir mis conocimientos y experiencias con otros.